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El trágico final de Wallace Carothers, el revolucionario inventor del nylon



En los últimos 100 años, los plásticos han llegado a dominar el mundo material.
Parece que realmente hay un plástico para todo.
Son tan comunes, de hecho, es fácil olvidar que a menudo incluso estamos vestidos con plástico.
Y fue en la década de 1940 cuando se introdujo una fibra que cambiarían el mundo de la moda para siempre: el nylon.

Su invención le ofreció elegancia y practicidad a las mujeres que buscaban una alternativa a las costosas y delicadas medias de seda.
Pero el impacto del nylon pronto llegó mucho más lejos: marcó el comienzo de una revolución textil para los consumidores y los militares, ayudando finalmente a los Aliados a ganar la Segunda Guerra Mundial.

En el laboratorio

El nylon fue desarrollado en la fábrica DuPont a fines de la década de 1930 por Wallace Carothers, un químico orgánico de renombre mundial educado en Harvard y nacido en Burlington, Iowa en 1896.
Los materiales sintéticos no eran completamente nuevos. Pero hasta la invención del nylon, ninguna fibra útil había sido sintetizada por completo en el laboratorio.
Semisintéticos como el rayón y el celofán se derivaban de un proceso químico que requería pulpa de madera como elemento básico.
Eso implicaba que no podían modificar a discreción las propiedades naturales del material vegetal: el rayón, por ejemplo, era demasiado rígido y brillante para ser adoptado como un reemplazo de la seda real.
El nylon, en cambio, fue fabricado a través de la manipulación humana de nada más que "carbón, aire y agua", un mantra que sus promotores no se cansaban de repetir.

Cómo se hizo

Ver cómo se fabrica esta fibra plástica es asombroso.
Si te fijas en esta imagen, veras que contiene dos soluciones que se tocan pero no se mezclan, pues una está basada en aceite y flota en la parte superior, y la otra en agua.
La clave de esos químicos en particular es que las moléculas pequeñas de cada líquido son capaces de unirse con las moléculas del otro para formar moléculas más grandes, cadenas largas, llamadas polímeros.
Y eso es exactamente lo que sucede donde se encuentran.
Se produce una reacción química, creando una película delicada -el polímero- entre los dos líquidos.
Si tomas un poco de esa película con un par de pinzas y halas, puedes ir recogiendo un hilo de plástico como ves en la imagen.
Cada vez que sacas un poco, se crea un nuevo límite y la reacción continúa.
Por eso se pueden sacar largas cadenas largas de plástico: mientras sigas halando y haya líquidos, obtendrás más y más de ese filamento de plástico.

De las piernas...

La introducción de este nuevo tejido de plástico al público fue en la forma un producto muy anhelado en esa época.
En las primeras décadas del siglo XX, los dobladillos de los vestidos de moda de las damas comenzaron a subir.
Poco a poco, se iba revelando más y más pierna.
Lo que se necesitaba era una prenda barata, elegante y transparente para cubrir la piel expuesta.
El nylon resultó ideal para tejer medias, tornando lo que había sido un objeto de lujo en algo realmente mucho mejor que sus costosos antecesores de seda.
Eran durables, fáciles de lavar y su apariencia era atractiva.
Se convirtieron en una prenda imprescindible.
Las medias salieron al mercado estadounidense el 15 de mayo de 1940, a US$1,15 por par.
Al mediodía ya estaban agotadas en la mayoría del país.

A la guerra

Ese año DuPont produjo 2,6 millones de libras de nylon, lo que representa una cifra total de ventas de US$9 millones, unos US$150 millones en dinero de hoy.
Pero en 1942, debido a la Segunda Guerra Mundial, las medias volvieron a ser un lujo, pues la producción de nylon se destinó a la fabricación de paracaídas (previamente hechos de seda).
El nylon se usó también para fabricar cuerdas para remolque de planeadores, tanques de combustible para aviones, chalecos antibalas, cordones de zapatos, mosquiteros, cordones, hamacas y más.
Fue esencial para el esfuerzo de guerra, por lo que se le ha llamado "la fibra que ganó la guerra".
Las fibras sintéticas como el nylon son el epítome de nuestro dominio de los materiales, de nuestra capacidad para inventar e ingeniar nuevos materiales específicos para nuestras necesidades y usarlos para fabricar productos que sean asequibles para la mayor cantidad de personas.
Durante siglos, la comodidad era dominio exclusivo de los ricos, y eso se debe a que muchos de los objetos que daban esa comodidad eran hechos a mano.
Eso lleva mucho tiempo y es costoso.
Los materiales que pueden ser producidos en masa permitieronquemucha más gente tuviera un poco de confort y lujo en sus hogares.
El mundo de los plásticos ha proporcionado tal cornucopia de comodidades que hoy en día es difícil imaginar la vida sin ellos.
Por supuesto, con el correr del tiempo nos hemos dado cuenta de cuán perjudicial ha sido esa la revolución plástica.
Ahora, estamos en una carrera contrarreloj para reducir el uso de estos materiales y con ello el daño que le causan al medioambiente.
Sin embargo, cuando el equipo de Wallace Carothers creó esa primera fibra de laboratorio, lo que buscaban era una solución.
Quizás, la experiencia sirva para resaltar la importancia de anticipar qué puede pasar con materiales que se están creando, como el celebrado grafeno.

¿Y qué pasó con el inventor?

Wallace Carothers no se enteró ni de lo bueno ni de lo malo.
Derechos de autor de la imagen
Image captiy eso le impidió presenciar el éxito de sus inventos de pCarothers dudaba a menudo de su aptitud como químico, y quedó desolado cuando sus primeros prototipos de superpolímeros fallaron.
La enfermedad de Carother continuó incluso después de que él y su equipo sintetizaran con éxito el nylon.
Dos años después del descubrimiento, se quitó la vida bebiendo un cóctel de jugo de limón y cianuro de potasio en un hotel de Filadelfia.
"Sus contribuciones a la química orgánica fueron reconocidas como sobresalientes y, a pesar del lapso de tiempo relativamente corto para sus logros productivos, se convirtió en un líder en su campo con una reputación internacional envidiable", dice la biografía de Carothers publicada por la Academia Nacional de Ciencias en 1939.
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