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Científicos premiados por estudiar el aumento del nivel del mar




Los científicos Anny Cazenave, John Church y Jonathan Gregory fueron galardonados por detectar, comprender y predecir la influencia humana en este fenómeno.

Hubo un tiempo en el que capturar aves para exportarlas fue una práctica normal. A lo largo del siglo XX muchas personas, seducidas por los vistosos colores y los particulares cantos, se abalanzaron sobre los bosques para cazarlas. Un comerciante de Londres, por ejemplo, importó más de 400 mil colibríes en Brasil antes de la Primera Guerra Mundial. Un par de décadas más tarde, en el estado de Pará, al norte de ese país, otros 25 mil fueron extraídos de sus hábitats para adornar cajas de chocolates en Italia. En total, desde 1950, más de un millón de pájaros suramericanos terminaron como mascotas en otros puntos del planeta. (Le puede interesar: Aumento de nivel de océanos ha sido el más rápido de los últimos 3.000 años)
Las anécdotas y las cifras pertenecen a un reporte lanzado ayer que muestra cómo, a lo largo de medio siglo, las naciones que comparten territorio amazónico han intentado frenar ese comercio ilegal, pese a que aún persisten muchas amenazas. Bajo el título “Bird’s-eye view: Lessons from 50 years of bird trade regulation & conservation in Amazon countries” (“A vista de pájaro: lecciones de 50 años de regulación y conservación del comercio de aves en los países amazónicos”), este documento detalla las complejidades a las que se han enfrentado estos países desde finales de la década de 1960 hasta 2016.
Auspiciado por WWF y Traffic, una organización no gubernamental que lidera el trabajo global en el tráfico de la vida silvestre, el informe fue realizado por el biólogo Bernardo Ortiz-von Halle, de la Universidad del Valle. En sus 198 páginas incluye una buena noticia: en las últimas décadas millones de aves han sido salvadas de terminar en una jaula. De hecho, asegura, el comercio ilegal ha caído sustancialmente en Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam en comparación a aquellos años en los que exportar estos animales era el común denominador. “Se debe principalmente a que las especies de aves más buscadas por los coleccionistas ya existen en la mayoría de los países consumidores”, dice.
Hay, sin embargo, varias advertencias. Una señala que hoy la pérdida de hábitat es la mayor amenaza para las aves de los países amazónicos. Solo en 2017, en Colombia fueron arrasadas de manera ilegal 219.973 hectáreas de bosque. El 65 % de la deforestación estuvo concentrada en la Amazonia.
Otra de las inquietudes muestra que el problema ha ido mutando. Luego de que en Suramérica se empezaran a tomar medidas para frenar el comercio ilegal esa práctica se replicó en otras latitudes. Entre 2000 y 2013 Sudáfrica se convirtió en el mayor exportador de loros suramericanos.
Pero, pese a la disminución, trata de un asunto difícil de remediar en las naciones de latinoamericanas. Requiere esfuerzos de varios sectores y de medidas más estrictas. En palabras de Ortiz von-Halle, “las complejidades del comercio de aves han sido subestimadas: para asegurar un futuro para las aves en la región necesitamos estrategias integrales que busquen con urgencia detener o revertir la destrucción del hábitat, complementándolo con incentivos económicos para la generación de ingresos locales a través del turismo y el uso sostenible de los recursos naturales”. (Lea acá: El aumento del nivel del mar es inevitable, advierte la NASA)
Aunque Perú aparece como el principal desafío regional, Colombia, donde está el 10 % de las especies de aves del mundo, el panorama no parece muy alentador. Está en el tercer lugar entre los países con más especies en peligro de extinción con una cifra inquietante: 126. El primer lugar lo ocupa Brasil, con 170, seguido por Indonesia (155). Perú (121), Ecuador (106) y China (94) están en el cuarto, quinto y sexto puestos.
“Sorprende que más especies aún no se hayan extinguido. Debido a la degradación ecológica de extensas regiones en el país, principalmente en áreas donde habitan las aves más amenazadas”, se lee en el informe. “El impacto de la destrucción del hábitat en la vida silvestre es el más serio desafío que enfrenta la biodiversidad colombiana”. La Sierra Nevada de Santa Marta, la serranía de Perijá, la serranía de San Lucas y la de la Macarena se encuentran entre los sitios más impactados por esta degradación.
Hoy, advierte el documento, se han tomado muchas medidas para combatir ese tráfico ilegal que entre 2005 y 2009 dejó datos inquietantes: más de 29 mil aves fueron confiscadas en esos cinco años.
Anny Cazenave (Francia, 1944), John Church (Australia, 1951) y Jonathan Gregory (Reino Unido, 1964) han logrado describir de manera precisa y consistente el cambio del nivel del mar a escala global, gracias a la integración de las observaciones de satélite iniciadas en los años 90, las medidas in situ y las innovaciones en modelos numéricos desarrollados por Gregory.
Los científicos, galardonados con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático, han identificado el efecto de la actividad humana en este fenómeno provocado por el calentamiento global y han descubierto que el ritmo al que se produce este incremento se está acelerando.
“El aumento del nivel del mar pone en peligro las áreas a baja altitud, con múltiples impactos sociales y ecológicos”, prosigue el acta del jurado. “Dados los muchos factores que intervienen, interpretar y proyectar los cambios en el nivel del mar constituye un desafío científico de enorme calibre”.
Este incremento es una de las consecuencias del cambio climático de mayor impacto —una subida de solo un metro, considerada probable, afectaría a cerca de cien millones de personas—, pero es uno de los valores más difíciles de determinar, según los científicos.
Esto se debe a la gran variabilidad natural que ha mostrado esta magnitud a lo largo de la historia de la Tierra. Hace 20.000 años, el nivel del mar era 120 metros inferior al actual, y en los últimos 5.000 años ha subido dos metros.
Identificar la huella del hombre en un rango tan amplio ha sido una labor de décadas, y hace solo dos años que uno de los galardonados, John Church, publicó en Nature la confirmación de que el factor más importante en el aumento del nivel del mar es hoy en día, y desde 1970, la acción humana.
Solo ha sido posible llegar a esta conclusión obteniendo e integrando información de múltiples fuentes, y para ello ha sido esencial el trabajo de los tres galardonados, tanto de forma independiente como en colaboración y siempre complementaria.
Los hallazgos de Cazenave, Church y Gregory han sido “instrumentales a la hora de poner a prueba nuestra comprensión del funcionamiento del sistema Tierra y formular proyecciones mejor consolidadas”.
El aumento se acelera
Además de identificar el efecto antropogénico en el aumento del nivel del mar, los galardonados descubrieron que el ritmo al que se produce se está acelerando. “Tomada en conjunto, su investigación demuestra la aceleración reciente del aumento en el nivel del mar a escala global y cuantifica las aportaciones relativas de las diferentes causas del aumento, principalmente la expansión térmica del océano y el deshielo de los casquetes polares y de los glaciares, provocados por el calentamiento global antropogénico”, señala el acta.
Desde comienzos de los años 90, el nivel del mar aumenta a un ritmo de 3 milímetros al año, lo que supone una subida media de 8 centímetros en los últimos 25 años. Es un ritmo rápido. El informe de 2014 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) afirma que “el ritmo de aumento del nivel del mar desde mediados del siglo XIX ha sido mayor que el ritmo medio en los pasados dos milenios”. A esto hay que sumar que las observaciones revelan una aceleración durante el siglo XX que con toda probabilidad continuará en el futuro.
Observaciones desde el espacio
Para llegar a estas conclusiones han sido claves las observaciones de los satélites, iniciadas en los años 90 y que, gracias a su perspectiva global, por primera vez permitieron poner orden en los confusos registros de mareas que llevaban décadas realizándose en puertos y zonas de costa.
Cazenave, experta en geofísica, es pionera en la interpretación de estas mediciones, llevadas a cabo por primera vez con el satélite francoestadounidense TOPEX/Poseidon. Su trabajo resolvió errores en estimaciones anteriores y proporcionó el primer conjunto de datos preciso y fiable sobre el nivel del mar a escala global.
Como ella misma explica, “las observaciones desde el espacio han tenido un papel fundamental; antes de la era de los satélites y los datos de altimetría (que comenzó a principios de los años 90), la única información que teníamos sobre el aumento del nivel del mar provenía de unos aparatos instalados en puertos, que no nos decían nada sobre el océano abierto y, por lo tanto, se sabía muy poco sobre este fenómeno”.
Church (oceanógrafo) y Cazenave lograron reconciliar los nuevos datos de satélite con los registros locales de que se disponía y consiguieron así construir un registro fiable de la evolución del nivel del mar en época reciente. Para ampliar ese registro al pasado, y también para hacer proyecciones de futuro, resultaron fundamentales los modelos numéricos desarrollados por Gregory.
Este investigador británico es experto en determinar el grado de sensibilidad del sistema climático a los distintos agentes, ya sea el aumento de concentración de CO2 atmosférico o el ritmo de deshielo. Su trabajo ha permitido integrar todas las variables y ajustar los datos disponibles de manera que sea factible predecir, de manera fiable y conociendo el grado de incertidumbre, la evolución futura del sistema. (Le puede interesar: Así transformará el cambio climático a Colombia)


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