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Después de muchos años India se encuentra con WhatsApp



Hace poco viajé a Mumbai después de tres años, mi periodo más largo sin volver. Esperaba la familiaridad instantánea del hogar, pero esta vez no la encontré. Lo que noté fueron las pantallas: miles de personas utilizando teléfonos, consultando, publicando y retransmitiendo sin cesar.

La última vez que visité, los datos móviles aún eran prohibitivamente caros, por lo que las llamadas y los SMS eran las formas de comunicación. Después de que el multimillonario Mukesh Ambani lanzó su plan de datos Jio en 2016, recortando los precios de las conexiones, y los fabricantes chinos inundaran el mercado con dispositivos baratos, más de 100 millones de personas se conectaron en todo el país. 

Mi taxista me comenzó a mandar mensajes de WhatsApp desde que aterricé. A diferencia de mis experiencias pasadas, nos encontramos casi al instante, sin una llamada telefónica. De camino al hotel, nos dijo que sólo conducía este auto a tiempo parcial; el resto del tiempo trabaja para Uber y su equivalente indio, Ola. Su conducción errática, sin embargo, me aseguró que nada ha cambiado en Mumbai cuando se trata de desobedecer las reglas del tráfico.

He visitado la ciudad con regularidad desde que me fui hace más de una década. Pero el cambio sísmico provocado por la conexión en línea de las personas a sus teléfonos inteligentes nunca había sido tan evidente. Con sus edificios victorianos desmoronados, Mumbai tal vez no sea la imagen de una metrópolis futurista, pero se está convirtiendo en una. Me sentí como un viajero del tiempo digital llegando al futuro.

Viajé a la conferencia TedX Gateway sobre la amenaza de la recopilación de datos biométricos comerciales, donde se compartieron ideas intrigantes sobre la mentalidad de India. Un policía me dijo que los mensajes virales de WhatsApp que difundían noticias falsas habían provocado disturbios y violencia entre los jóvenes. Un empresario de la salud explicó cómo estaba utilizando la inteligencia artificial para mejorar los diagnósticos de tuberculosis. Un agricultor describió su colectivo orgánico, que exhorta a los agricultores a dedicarse a la agricultura mecanizada y no a las prácticas manuales tradicionales.

El evento albergó a más de 6.000 personas y resonó con historias de éxito locales. Las señales del resurgimiento del sector tecnológico de India fueron visibles en toda la ciudad, desde las gigantescas carteleras de Reliance Jio, que anunciaban la meteórica red móvil que entrega más datos que cualquier otra en el mundo, a los uniformes de color naranja brillante de los repartidores de alimentos de la compañía Swiggy, llevando órdenes a domicilio en bicicleta a través de la ciudad.

Pero la aplicación más prolífica que noté fue WhatsApp. Es utilizada por más de 200 millones de personas en India. En mi viaje lo utilicé para comunicarme con restaurantes, conductores, un comerciante de alfombras, un panadero casero y un pediatra, entre otros. Con su inminente lanzamiento de pagos en todo el país, WhatsApp permitirá a las personas enviar dinero entre usuarios y a empresas, desde esteticistas hasta peluqueros.
No obstante, en mis conversaciones no sentí admiración por las tecnológicas occidentales. De hecho, detecté un sentimiento anti-Silicon Valley, algo que rara vez escucho en Europa, donde las nuevas empresas tienden a medir el tamaño de su ambición en términos de Silicon Valley.

Facebook, en particular, ha tocado una fibra sensible en India, desde el espectacular fracaso de su programa limitado de internet, Free Basics, en 2016. El amplio plan de Mark Zuckerberg para ofrecer acceso gratuito a internet a los indios rurales fue obstaculizado por el Gobierno, cuando los ciudadanos y los activistas protestaron que era una versión censurada de la web abierta, obstruida por Facebook. Muchos lo rechazaron como un intento de aumentar el alcance de Facebook en India, en lugar de ayudar a incrementar la conectividad.

Facebook es dueño de WhatsApp. Una propietaria de una pequeña empresa me dijo que le preocupaba que sus mensajes de WhatsApp se procesaran en los servidores de Facebook. “La gente no está segura de cuán seguro es eso”, dijo.

Incluso mi peluquera estaba harta; me dijo que ya no usaba Facebook, especialmente después de Cambridge Analytica. “Nunca confié en ellos”, aseguró sacudiendo la cabeza.
El momento es propicio para que la economía de internet de India se libere del dominio de los gigantes tecnológicos y empiece a sembrar las semillas de sus propias ideas locales. ¿Tal vez éste sea el momento para el surgimiento de un Google o Facebook propio de India?

De vuelta a casa en Londres, enero trajo consigo la muerte de mi teléfono inteligente. Tenía algunos años y se apagó, lo cual me obligó a comprar un nuevo modelo. Aparentemente, pertenezco a parte de la población que no se molesta en actualizar sus teléfonos hasta que no les queda otra opción. El nuevo comienzo me dio la oportunidad de revisar mi higiene digital. 

Durante todo el año, he estado leyendo y escribiendo sobre aplicaciones gratuitas que intercambian nuestros datos — con consecuencias alarmantes — impactando tanto a personas a quienes se les otorga un préstamo hasta el resultado de una elección. Yo estaba más consciente que la mayoría de las personas sobre el hecho de que las empresas de tecnología pueden ser descuidadas, incluso imprudentes, con nuestra información.

Comencé con un análisis mis aplicaciones menos usadas, luego purgué las que eran meras distracciones, por ejemplo, vídeo streaming y juegos. Pero parece imposible vivir sin las aplicaciones de redes sociales. En el pasado, traté de deshacerme de ellas, pero terminé reinstalándolas en momentos de debilidad. Hasta ahora, la irracional tranquilidad que obtengo al ver imágenes de casas y vacaciones artísticamente fotografiadas supera cualquier daño. Pero tal vez, al igual que mis compatriotas indios, este será el año en que pensaré dos veces antes de descargar una aplicación.


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